sábado, 26 de noviembre de 2016

Juicio al ocaso

Otro día más que acudo a ti. Hacía ya un tiempo que no nos veíamos, ¿cómo has estado? 
Siento dejarte sin un punto y final. Siento siempre traerte historias tristes y hundirte con mis llantos, te prometo que algún día los rayos cálidos del sol se aproximarán a tu portada y te arroparán con el calor que yo nunca te di. Por mientras, tendrás que conformarte con estas palabras escritas desde mi consciencia cubierta por las más pérfidas nubes, que han tomado el mando de mi pobre y débil ser.

Observo y reflexiono, me cuestiono todo. 
¿Qué otra cosa puedes hacer? Cuando la muerte tantea tu sombra, cuando toda tu tan allegada gente te ha dejado abatida ante los murmullos del viento otoñal.
Y dime, ¿qué sentido tiene ya la vida? Sin amigos, sin amor... El frío ahora penetra mi cuerpo, y en soledad, maldigo aquel noviembre que dio paso a esta desdichada existencia.
Me quedaré sentada en este lugar... esperando una sonrisa, esperando la mano que me consiga aupar.




Entretanto, me entrego a ti, querida madre, porque tú has sido la única que me ha acogido desde el principio. Entre los árboles de tus vastos dominios me siento protegida de esta decadente sociedad. Y todas las criaturas que también te acompañan, todas ellas vienen a ti buscando la armonía que nos arrebataron. Juntos recobraremos tu esencia. Porque igual que me han dañado a mi, lo han hecho contigo, puedo advertir tu clamor a través de mis sentidos.

Recibe este cordial amor desde mi corazón.
Mis motivos son los tuyos. Mi raíz eres tú.




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